Nacimos sin manual de instrucciones. Salimos del agradable y acogedor ceno de nuestras madres hacia el mundo, hacia la cruda realidad. Salimos así, sin previo aviso, sin siquiera preguntarnos si queríamos esto porque en realidad a la vida no le interesa si estás preparado o no, si realmente sos lo suficientemente fuerte para soportar lo que viene. Simplemente te manda, te expulsa violentamente sin importarle nada. Y ahí estas vos, pequeño, indefenso e inocente. No sabes nada de la vida, pero, lo quieras o no, vas a tener que aprender. Y así vamos avanzando, chocandonos contra las paredes, aprendiendo a base de dolor y nos vamos haciendo de a poco mas fuertes y vamos perdiendo la inocencia que nos caracteriza de pequeños. Terminamos siendo seres fríos, calculadores, desconfiados, cerrados. Ya no confiamos tanto como antes, porque nos decepcionaron ya tantas veces que no queremos soñar como antes y nos llenamos de miedo, de prejuicio para evitar sufrir de nuevo.

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